Archive for diciembre, 2009

Al encuentro de los monjes Basilios

Ya sólo un monje Basilio moraba su monasterio de la Sierra de Francia, anciano y ciego. Un noble perro de Herguijuela, cuenta el boca a boca, cruzaba cada día el valle (valle de Belén) hacia el monasterio con sustento y compañía. El devenir del tiempo siguió su curso; aquel aislado monasterio de piedra, hoy apenas unos muros y planta sobre el terreno, quedó vacío y siguió aislado. Hoy, parte del paisaje, nos recuerda su historia y sus moradores, los Basilios y el perro; otros tiempos, el mismo paraje.

Muro del monasterio Basilio

Muro del monasterio Basilio

No es que la historia se repita, el caso es que en Herguijuela parece que los perros se aburren y les gusta el monte y les caen bien los turistas como nosotros. Esta mañana hay nubes bajas que están enganchadas en el valle pero eso a nosotros no nos para y empezamos ruta, bueno, nosotros y el labrador que sigue a los caminantes.

Nuestro amigo labrador

El labrador

Hay que dejar el pueblo hacia el sur y al poco abandonar la carretera para subir por pistas forestales hasta cruzar una loma de pinar. Nada más superado salimos de la nube que está allí parada y podemos empezar a quitarnos algo de ropa, a partir de ahora sólo hay que seguir al perro que lo pasa en grande y ya se ha pegado un par de remojones en los charcos del camino. El valle rezuma agua y el perro nos va llevando por la pista hasta un riachuelo, nosotros saltamos, el perro se echa unos largos y seguimos hacia arriba. Este es el paraje donde los monjes moraban, al abrigo del valle, junto al riachuelo y al pinar, dominando o dominados por el valle, allá por el siglo XII.

Desde el monasterio Basilio

Desde el monasterio Basilio

Las nubes bajas cubren el valle y se agarran a los pinos en una bonita mañana de un raro otoño que se supone ya acaba,  hace rato que no hemos visto monos sin pelo por el valle y no deben haber pasado muchos pues el terreno está lleno de madroños y de setas. Cuatro o cinco muros de piedra siguen verticales y multitud de piedras estéticamente derrumbadas recuerdan el emplazamiento. El matorral y las setas crecen sobre el terreno. Setas grandes, pequeñas, naranjas y verdes, alargadas, redondeadas o amarillentas. Nosotros cogeremos unos Níscalos para alegrar la cena, los monjes Basilios ya no viven aquí y de todas formas no creo que les molestara, hemos tratado con respeto al valle y su entorno, sólo cogimos unos madroños y un kilo de setas y volvimos a casa a pierna como buenos caminantes, a  través de las nubes siguiendo la pista, con la ayuda del labrador que aparece y desaparece en la hermosa nube que hoy se ha agarrado al valle.

El valle de Belén a principios de Diciembre

El valle de Belén a principios de Diciembre

Y la pista te llevaba al lugar

Y la pista te llevaba al lugar

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