Archive for agosto, 2010

La vida como un todo: Gaia

Un tipo raro, un tal Charles  (Carlos) Darwing, un inglés al fin y al cabo; en el único viaje que le llevo fuera de su Inglaterra dedujo la evolución:

Las especies se adaptan al medio. Los seres vivos de hoy son el resultado de miles de años de evolución, de adaptación y especialización. Los primeros seres unicelulares capaces de habitar un mundo hostil fueron evolucionando, lenta pero inexorablemente y sus descendientes tomaron forma de plantas, de peces, de reptiles, de mamíferos . . . o de cucarachas que le vamos ha hacer.  Nuestro ancestro común.

CarletesDarwing

Pero, ¿Evolucionó el mundo como un todo? ¿Cómo un planeta hostil pasó a ser habitable, respirable y cómodo?. E aquí la teoría Gaia, el culpable, otro inglés, que le vamos a hacer, James (Jaime) Lovelock (1919) y su hipótesis Gaia (1969) donde razona que las condiciones que permiten la vida no son anteriores a ésta sino el resultado de la propia vida.

JaimeLovelock

Los seres primigenios, efectivamente en un planeta Tierra hostil fueron transformando su medio hacia un lugar habitable y permisivo para la enorme diversidad biológica actual. La hipótesis inicial de Lovelock afirmaba que dicho acoplamiento vida-medio se ponía de manifiesto al menos en tres aspectos: La composición atmosférica, la temperatura y la salinidad oceánica:

La composición atmosférica: Pues se mantiene en un estado fuera de equilibrio constante, muy diferente a la primigenia y consecuencia de la vida.

La temperatura: Ha permanecido constante a pesar del incremento histórico de la energía proveniente del sol.

La salinidad del océano: Que se mantiene constante en lugar de aumentar constantemente.

Y no se trata únicamente de razonamiento, el mismo Lovelock formuló un modelo matemático sencillo (Daisy World), aunque suene raro, que demuestra el acoplamiento vida-temperatura, los habitantes de dicho mundo, con su capacidad de actúar globalmente  sobre la temperatura (a través de su reflectancia, su color) logran que la temperatura sea muy próxima a la óptima para su reproducción (1).  Aún sencillo, pone de mainfiesto los elementos claves de su teoría:

1) Los seres vivos han de tener capacidad para modificar globalmente el medio: por ejemplo capacidad para reflejar en mayor o menor medida la radiación del sol, de alterar la composición química de la atmósfera (O2, CO2) . . . etc

2)Los cambios sobre el medio afectan a la propia supervivencia de la vida (a su reproducción). De esta manera se realimenta el sistema.  Por ejemplo: si aumenta la temperatura proliferan las plantas capaces de reflejar en mayor medida la luz solar, se absorbe menos y la temperatura acaba por descender y viceversa si disminuye externamente la temperatura.  Todo dentro de ciertos límites claro.

Tierra

Evidentemente el sistema es complejo y la vida actúa como un todo, no de manera individual. Pero tiene un problema, el hombre, que parece tener sus propias reglas.  Bueno, resumiendo se trata de una hipótesis muy bella y fundamentada que completa o complementa la famosa evolución de Darwing y a la que parece que no le damos mucha importancia. La Tierra, el planeta azul, tan especial por ser el único que parece albergar vida, entre a otros a los monos sin pelo, también le debe mucho a la propia vida, no a nosotros que a lo mejor acaba por exterminarnos por higiene sino a nuestros ancestros a nuestros antepasados, las cucarachas, perdón, los seres unicelulares y demás fauna. En teoría al menos.

(1) T. M. Lenton; Gaia and Natural Selection; Nature vol 394, 1998

Dejar un comentario

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

Basta leer un libro antiguo que nos transporta al ambiente y a las expresiones de su tiempo (unos 400 años) para darse cuenta que hay cosas que no cambian, las suelta Cervantes por boca de Don Alonso Quijano y las escuchas 15 minutos más tarde en el bar de la esquina, con un ejemplo es suficiente:

Capítulo XI:

“De lo que sucedió a Don Quijote con unos cabreros”

<< Después que Don Quijote hubo bien satisfecho su estómago tomó un puñado de bellotas en la mano, y mirándolas atentamente soltó la voz a semejantes razones: “¡Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron el nombre de dorados! y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes, a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano, y alcanzarle de las robustas encinas que liberalmente le estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos en magnífica abundancia sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas ofreciendo a cualquiera a mano sin interés alguno la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con las que se comenzaron a cubrir las casas sobre rústicas estacas,  sustentadas no más que para la defensa de las inclemencias de cielo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia : Aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella sin ser forzada ofrecía por todas las partes de su fértil y espacioso seno lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían. Entonces sí que andaban las simples y hermosas zagalejas de valle en valle y de otero en otero, en trenza y en cabello, sin más vestidos de aquellos que eran menester para cubrir honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se cubra; y no eran sus adornos de los que ahora se usan, a quien la púrpura de Tiro y lo por tantos modos martirizada seda encarecen, sino de algunas hojas de verdes lampazos y yedra entretejidas, con lo que quizá iban tan pomposas y compuestas como van ahora nuestras cortesanas con las raras y pregrinas invenciones que la curiosidad ociosa les ha mostrado. Entonces se decoraban los concetos amorosos del alma simple y sencillamente del mismo modo y manera que ella los concebía, sin buscar artificioso rodeo de palabras para enrarecerlos. No había fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y la llaneza. La justicia estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese que tanto ahora la menoscaban turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había que juzgar ni quien fuese juzgado. Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo dicho, por donde quiera, solas y sereñas, sin temor que la ajena desenvoltura y lascivo intento las menoscaben, y su perdición nacía de su gusto y propia voluntad. Y ahora, en nuestros detestables siglos, no está segura ninguna, aunque la oculte y cierre otro nuevo laberinto como el de Creta; porque allí, por los resquicios o por el aire, con el zelo de la maldita solicitud que les entra la amorosa pestilencia, y les hace dar con todo su recogimiento al traste. Para cuya seguridad, andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los caballeros andantes para defender las doncellas, amparar las viudas, y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos. De esta orden soy yo, hermanos cabreros, a quien agradezco el agasajo y buen acogimiento que hacéis a mi y a mi escudero: que aunque por ley natural están todos los que viven obligados a favorecer a los caballeros andantes, todavía por saber que sin saber vosotros esta obligación me acogísteis y regalastes, es razón que con la voluntad a mi posible os agradezca la vuestra.” Toda esta larga arenga (que se pudiera muy bien excusar) dijo nuestro caballero, porque las bellotas que le dieron le trujeron a la memoria la edad dorada; y antojésele hacer aquel inutil razonamiento a los cabreros, que sin respondelle palabra embobados y suspensos le estuvieron escuchando. >>

Que poco hemos cambiado 🙂

Unos gigantes retándoseUnos gigantes en reposo

Dejar un comentario