Sigüenza, la hoz del río dulce, Sigüenza.

La gran mayoría de visitantes al precioso cañón del río Dulce no accede directamente desde Sigüenza. Como yo soy muy raro y este año me toca aquí me lo he planteado como un reto. A sido una mañana emocionante: me han salido perdices, un zorro y cinco corzos, quien lo diría. Como corren los condenados.

La salida de Sigüenza:

Bajo el cielo nublado y amenazante, me lo he pensado, y bien pertrechado, he salido. Ir dejando atrás un pueblaco como Sigüenza es espectacular hay que ascender una pequeña loma de monte bajo hasta topar de narices con un huerto solar inmenso.

Sigüenza camino de Pelegrina

Sigüenza camino de Pelegrina

 

El huerto solar y la granja de conejos:

Me asaltó la duda y tomé izquierdas dejando atrás la granja de conejos y bordeando el huerto solar de proporciones e inversión respetable (Uno, que entiende un poco del tema, estima en decenas de millones de euros…cámara de seguridad y detectores de presencia). Me acerco al rebollar pero estoy  un poco perdido, al cruzar con un paisano le pregunto pero no me es de mucha ayuda. Ya da igual mi incapacidad para leer mapas me depara como a continuación relato algún encuentro emocionante.

La entrada al parque, el rebollar y los corzos.

Como estoy algo perdido entro a campo traviesa aunque enseguida encuentro una pista. Pasarán un par de horas sin encuentro humano. Al rato y en la espesura saltan dos corzos asustados y se alejan a la carrera. Yo sigo cauteloso, casi sin salir de mi asombro, veo huellas e intuyo un tercero, seguramente de los anteriores. El rebollar es hermoso y evado la mente. Ascendiendo se llega a la paramera.

La paramera y el zorro.

Es lo que tiene el ir fuera de ruta, he tomado a izquierdas en la disyuntiva sin dudar lo más mínimo y me he vuelto a equivocar. Observo una impresionante cortada, a lo lejos en la lejanía dos humanos y un perro, siguiendo lo que horas después me daré cuenta que es la pista correcta. Interrumpo a un zorrito en su rutina y voy atravesando lo que luego veré es un perfecto pliegue, sinclinal o anticlinal, vive Dios, pero no encuentro la bajada y pasará otra media hora hasta que enlace, por fin, la senda.

 

Pelegrina y la hoz.

La senda lleva a Pelegrina, respiro tranquilo y me adentro en la hoz. Es ya un lugar conocido y frecuentado, parejas, familias, niños y yo. El paraje es hermoso y merece ser visitado. Agua cristalina, inmensas paredes de roca y bosque de ribera. Hay sendas que ascienden con vistas imponentes.

Vista de Pelegrina

Vista de Pelegrina

Vuelta a Sigüenza.

Que podría pensarse es la parte amarga de la mañana, pero ya conozco la ruta y camino a paso vivo. De nuevo el Rebollar, el solitario bosque tiene su recompensa. Bajo la primera gran encina salta otro corzo al que he sacado de la siesta. Perplejo, avanzo y en apenas 10 minutos interrumpo a una parejita, de corzos, ensimismados en su siesta. Les veo levantar y echarse al trote, miradita al intruso incluída. Yo no quiero problemas con la animalada y les enseño mi bardo que parece les convence. Hay que cruzar el rebollar y alcanzar la loma (la del huerto solar), me ha costado menos de lo esperado. Casi seis horas de jornada cuesta volver a Sigüenza.

Me siento importante, crucé el rebollar, molesté a unos pocos corzos, unas perdices y un zorrito, hollé la hoz y volví, cansado pero no en exceso. Todavía queda mucha tarde para estudiar, sacar esta crónica y preparar alguna clase que ahora soy un modesto profesor de matemáticas.

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